El Arca de Noé del Conocimiento

En mi viaje a la ciudad de Núremberg, Alemania, en julio del 2008, para encontrarme con los esposos Korniejczuk, estando en el aeropuerto de Düsseldorf me dirigí al quiosco de revistas para adquirir material de lectura para el viaje y me llamó la atención la portada de la revista popular alemana PM.

El título rezaba “El arca de Noé del conocimiento”. La idea central del artículo era el esfuerzo de las universidades y otras empresas para preservar la herencia del conocimiento de la humanidad. La problemática radicaba –según el texto— en decidir lo que verdaderamente es importante digitalizar para que el registro pueda ser accesible a generaciones futuras.

La simbología del arca de Noé en el mundo de la información es adecuada. El propósito en ambas eras –la antediluviana y la postmoderna— es la misma; es decir, es un intento de salvación. El hombre postmoderno basa su existencia en el adagio “je pense; donc je suis” (pienso, luego existo). La herencia colectiva de este pensar ha representado para la humanidad la búsqueda de su lugar en el cosmos. Por esta razón le es imperativo a la humanidad postmoderna preservar su pasado en su intento de asegurar su futuro.

Ciertamente, el conjunto de repositorios de conocimiento representan un arca de preservación; un arca en un abundante océano de datos que, paradójicamente, es una amenaza al concepto de significado. Este creciente “océano” aumenta el caos, y la humanidad debe crear cierto orden y significado a este proceso colectivo del pensar humano.

Punto de Referencia es el nombre de esta nueva columna. Tiene como objetivo servir como una agencia de conocimiento que asesora y asiste a los usuarios en su búsqueda de información. La labor de un referencista va más allá de lo que se puede encontrar con los motores de búsqueda. El referencista reconoce que de los datos surge la información y de la información conocimiento; del conocimiento, sabiduría. Si bien la humanidad postmoderna hace del conocimiento su fin e inconscientemente su “salvación”, para el ser humano de fe, el conocimiento es una revelación continua de su Hacedor. Su labor implica la identificación de fuentes de conocimiento que fomentan la filosofía de la fe.

En nuestro caso, como referencistas adventistas, tenemos como función el fomento de la fe y, específicamente, de la fe adventista. Desde este prisma, toda la gama del saber humano está impregnado indeleblemente de la autoría divina de donde surge todo verdadero conocimiento. Este proceso de identificación demanda la capacidad de discriminar –un término políticamente no correcto— entre lo que favorece la misión y lo que la perjudica. Esto no quiere decir precisamente que se tenga que recurrir a la censura, pero sí de redirigir y fomentar los recursos que facilitan los esfuerzos corporativos de la institución.

“Nuestra ciencia es imperfecta… cuando llegue lo perfecto, desaparecerá lo imperfecto. Ahora vemos como por medio de un espejo: confusamente… ahora conozco de manera imperfecta…” (paráfrasis de 1 Corintios 13:9-12)

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