Máquinas espirituales

En el libro de Ray Kurzweil, “La Edad de las Máquinas Espirituales” se dan ciertas pautas acerca de cómo será el futuro en el contexto de las relaciones de los seres humanos con las computadoras. En este libro el autor comienza haciendo un repaso de cómo la humanidad ha ido integrando las máquinas al cuerpo humano por razones médicas. Esta integración avanzará, según el autor, hasta que las mismas máquinas comiencen a demandar el reconocimiento legal como entidades conscientes. Para ese entonces (año 2020) la diferencia entre un ser humano y una máquina será muy difícil de reconocer. Lo seres humanos se habrán implantado en sus cerebros chips de información que los harán más eficientes. Todo el conocimiento estará también disponible en esta central global virtual. Podremos descargar nuestra identidad y dejar que la entidad virtual siga “viviendo” y así habremos alcanzado la inmortalidad. Es decir, según Kurzweil, la humanidad creerá que estas entidades en verdad tienen consciencia y merecerán el trato y protección legal. La humanidad creerá en la mentira, “ciertamente no morirás”

Todo esto pareciera una perversión del concepto humano. Una historia de ciencia ficción de una mente descabellada –desde el punto de vista creacionista. Sin embargo, en el libro 1984, George Orwell trata sobre un sistema totalitario de vigilancia. El libro es considerado una novela, pero cuán semejante empieza a tornarse nuestro entorno a este mundo imaginado. Es evidente que ciertos libros e ideas provienen de una fuente que no es Dios.

Recientemente un grupo de estudiantes del Massachussets Institute of Technology ha desarrollado un sistema computacional llamado Sexto Sentido que toma elementos del mundo real y los integra al mundo virtual con el fin de crear un puente entre nuestro entorno real y el digital usando nuestros sentidos, en especial, y por ahora, el del tacto.

Si el pecado de la amalgamación fue lo que causó que el Eterno destruyera a la raza antediluviana entonces un paralelo a esto podría ser esta amalgamación entre la realidad y la imaginación. Una mezcla de realidad y virtualidad. Esta mezcla o desvirtuación de la creación no se limita al mundo de la tecnología. La vemos también en el campo de la genética. En realidad ocurre en todo nuestro entorno.

En una época pasada llamarían a los inventos actuales actos de brujería o del diablo. No rechazo del todo esta acertación.

Pertenezco a la escuela de pensamiento de los que creen que mucho de lo que ha inventado la humanidad (salvo lo más básico) no es intrínsicamente necesario para nuestra sobrevivencia y bienestar. Esto no quiere decir que mi actitud sea de rechazo a la tecnología, pero me resisto a aceptar de que los así llamados “avances” han resultado en una mejoría integral de la condición del planeta.

Me es un misterio saber porqué Dios permite este estado de cosas. No creo que sea su intención y propósito, pero que lo permite.

Como referencista adventista no atribuyo pecado al uso y aprovechamiento de las circunstancias y medios que facilitan la proclamación del plan de salvación, pero no limito al Eterno a depender en lo que la humanidad descubra o invente para llevar a cabo Sus propósitos. La gran pregunta sigue siendo:

“. . .cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Lucas 18:8

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