Dimensiones babilónicas

El Centro de Digitalización de la biblioteca del estado federado de Bavaria situado en Múnich, Alemania tiene por objetivo digitalizar millones de libros, revistas, fotos, filmes y audio de más de 30,000 bibliotecas, museos y archivos como parte del proyecto de la Biblioteca Digital Alemana. El robot digitalizador ya ha completado 45,000 obras. Se planea un periodo de prueba para el 2011 y sólo accesible por un círculo limitado.

El proyecto de la Biblioteca Digital Alemana promete proteger estrictamente los derechos del autor, algo que Google no siempre está dispuesto a hacer y motivo por el cual no muy pocas bibliotecas se han negado a participar con este gigante de la información –entre otras cosas por el temor a entregar demasiado control en las manos de una sola entidad.

El instituto encargado de los aspectos técnico-computacionales de la BDA trabaja en programas que puedan reconocer los rostros en las películas y que conviertan el dialogo de ellas en texto y que todo documento pueda ser sujeto a búsquedas. El costo para digitalizar un libro del siglo XVI o XVII es de 70 a 140 euros. Se estima que en 10 años se tengan que digitalizar 5 millones y medio de volúmenes cuyo costo ascendería a 165 millones de euros.

Los alemanes ven con celos a sus vecinos franceses quienes disponen de 750 millones de euros por decreto presidencial para digitalizar el legado cultural francés. Las ambiciones son complejas en sus complicaciones legales y técnicas. Pareciera como que cada proyecto pretendiera ser la última y única parada suficiente para obtenerlo todo. Por un lado no es suficiente sólo ser un portal con reliquias del pasado de autores fallecidos por lo menos 70 años. También se anhela ofrecer –sin bien no gratis- opciones para adquirir obras complementarias contemporáneas.

Existe en el ser humano natural un deseo por inmortalizar su legado pasado y transmitirlo a generaciones por venir. En el contexto evolutivo el más apto sobrevive. Mientras el mundo posmoderno se proyecta a una existencia contínua en el cosmos tal y como lo conocemos, construye monumentos babilónicos para preservar y transmitir el conocimiento a las generaciones actuales y venideras. Es un acto de redención propia.

Por otro lado los creyentes en la fe del Dios de Abraham, Isaac y Jacob esperan un universo nuevo y por eso sus intenciones en la preservación de su legado por este mundo tienen una importancia temporal; no basan en esta preservación su redención. El Creador tiene un archivo de cada acción, de cada palabra pronunciada, de cada pensamiento, de cada aspiración. En él no hay temor de que las nuevas tecnologías paradójicamente conviertan a un archivo inoperable o inaccesible. Es un archivo vasto, sumamente asombrador. “…entonces fueron abiertos los libros; fue abierto también otro libro, el libro de la vida” Apocalipsis 20:12

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