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Plagiar o no plagiar

Karl-Theodor zu Guttenberg, hasta hace poco, ministro de defensa de Alemania, es sin duda el caso más notorio y reciente sobre plagio intelectual. El joven político y aristócrata era una figura importante del partido al cual también pertenece, Angela Merkel, la canciller Alemana. El título de la tesis en cuestión es: Una comparación legal de esfuerzos europeos y americanos para desarrollar constituciones , consta de 475 páginas por la cual se le otorgaron los más altos honores por la Universidad de Bayreuth.

Este caso nos hace más conscientes como alumnos, docentes e investigadores de la importancia de citar las fuentes de información que se usan en trabajos de investigación. Como biblioteca, el asunto nos toca de cerca pues es parte de nuestra función, a decir, el de instruir a los usuarios no sólo sobre sus privilegios en el uso de las fuentes de información sino también en su responsabilidad de citar adecuadamente las mismas.

El tema del plagio intelectual se vuelve cada vez más recurrente a medida que el proceso de búsqueda de información, en sus diferentes formas, se hace más complejo. Cuando se encuentre uno en la disyuntiva de si citar o no citar —o de plagiar o no plagiar—, se recomienda errar por el lado seguro. Es decir, si hay una duda es mejor citar La Comisión de Formación de Usuarios (CDFU) de la biblioteca de la Universidad de Montemorelos, se compromete a incluir en su plan de acción para el año 2011 medidas preventivas para que el plagio intelectual en la UM no tenga cabida.

“Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca.” (Mateo 7:24, 25)

Máquinas espirituales

En el libro de Ray Kurzweil, “La Edad de las Máquinas Espirituales” se dan ciertas pautas acerca de cómo será el futuro en el contexto de las relaciones de los seres humanos con las computadoras. En este libro el autor comienza haciendo un repaso de cómo la humanidad ha ido integrando las máquinas al cuerpo humano por razones médicas. Esta integración avanzará, según el autor, hasta que las mismas máquinas comiencen a demandar el reconocimiento legal como entidades conscientes. Para ese entonces (año 2020) la diferencia entre un ser humano y una máquina será muy difícil de reconocer. Lo seres humanos se habrán implantado en sus cerebros chips de información que los harán más eficientes. Todo el conocimiento estará también disponible en esta central global virtual. Podremos descargar nuestra identidad y dejar que la entidad virtual siga “viviendo” y así habremos alcanzado la inmortalidad. Es decir, según Kurzweil, la humanidad creerá que estas entidades en verdad tienen consciencia y merecerán el trato y protección legal. La humanidad creerá en la mentira, “ciertamente no morirás”

Todo esto pareciera una perversión del concepto humano. Una historia de ciencia ficción de una mente descabellada –desde el punto de vista creacionista. Sin embargo, en el libro 1984, George Orwell trata sobre un sistema totalitario de vigilancia. El libro es considerado una novela, pero cuán semejante empieza a tornarse nuestro entorno a este mundo imaginado. Es evidente que ciertos libros e ideas provienen de una fuente que no es Dios.

Recientemente un grupo de estudiantes del Massachussets Institute of Technology ha desarrollado un sistema computacional llamado Sexto Sentido que toma elementos del mundo real y los integra al mundo virtual con el fin de crear un puente entre nuestro entorno real y el digital usando nuestros sentidos, en especial, y por ahora, el del tacto.

Si el pecado de la amalgamación fue lo que causó que el Eterno destruyera a la raza antediluviana entonces un paralelo a esto podría ser esta amalgamación entre la realidad y la imaginación. Una mezcla de realidad y virtualidad. Esta mezcla o desvirtuación de la creación no se limita al mundo de la tecnología. La vemos también en el campo de la genética. En realidad ocurre en todo nuestro entorno.

En una época pasada llamarían a los inventos actuales actos de brujería o del diablo. No rechazo del todo esta acertación.

Pertenezco a la escuela de pensamiento de los que creen que mucho de lo que ha inventado la humanidad (salvo lo más básico) no es intrínsicamente necesario para nuestra sobrevivencia y bienestar. Esto no quiere decir que mi actitud sea de rechazo a la tecnología, pero me resisto a aceptar de que los así llamados “avances” han resultado en una mejoría integral de la condición del planeta.

Me es un misterio saber porqué Dios permite este estado de cosas. No creo que sea su intención y propósito, pero que lo permite.

Como referencista adventista no atribuyo pecado al uso y aprovechamiento de las circunstancias y medios que facilitan la proclamación del plan de salvación, pero no limito al Eterno a depender en lo que la humanidad descubra o invente para llevar a cabo Sus propósitos. La gran pregunta sigue siendo:

“. . .cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Lucas 18:8

El Eje Budapest-Bethesda-Berlín

Se trata de un eje en una guerra de paradigmas.  En este caso en el terreno de batalla de la información.  Había un tiempo cuando las universidades, a parte de haber subsidiado los costos del trabajo de investigación de su cuerpo de docentes, tenían que después pagar el acceso a las publicaciones o bases de datos donde los resultados de dichas investigaciones se publicaban.  Era como un doble castigo.  Los ganadores eran las empresas de bases de datos.  Este paradigma empezó a resquebrajarse en 1991 cuando Paul Ginsparg de Los Alamos National Laboratory creó el servidor ArXiv para hacer disponible trabajos de investigación en el área de la física.  Ahí comenzó el movimiento de lo que ya ni siquiera necesita traducción: Open Access o fuentes de información de libre acceso o acceso abierto. 

La creación del software E-Prints hizo posible que los archivos de acceso abierto pudiesen ser accedidos por todos sin ningún costo.  Recordemos que Acceso Abierto no quiere decir necesariamente libre de costos.  El costo alguien lo tiene que cubrir, que por lo regular son las mismas universidades u organizaciones que fomentan la democratización del conocimiento.

En 1999 se creó la Iniciativa de Archivos Abiertos, misma que, desde entonces, desarrolla normas para hacer posible las búsquedas en diferentes servidores a la vez.  En la capital de Hungría, Budapest, en 2001 los participantes de la reunión del Open Society Institute, cuyo fundador es el magnate George Soros, abogaron por un acceso sin restricciones a los reportes de investigación en todas las disciplinas.  A esta iniciativa le siguieron la Declaración de Bethesda sobre la Publicación de Acceso Abierto (Maryland, EE.UU.) y la Declaración de Berlín sobre el Acceso Abierto al Conocimiento de las Ciencias y las Humanidades.

Otras dos expresiones muy comunes en este nuevo paradigma son: El Sendero Verde al Acceso Abierto y el Sendero Dorado al Acceso Abierto.  El primer “sendero” es la modalidad de poder publicar en una publicación que cobra por el acceso y también en un archivo de acceso abierto.  El segundo es publicar en un archivo de acceso abierto solamente.  Como en todo, ambos senderos tienen sus ventajas y desventajas.  El ideal es la opción dorada.

Las preguntas cruciales en nuestro entorno local son: ¿Podríamos como institución adoptar por completo una mentalidad “abierta” y depender sólo de recursos de libre acceso?  ¿Son los recursos de acceso abierto, hasta ahora disponibles, suficientes para suplir las necesidades de nuestro cuerpo de docentes?  De ser así ahorraríamos recursos financieros que se canalizarían para estimular el espíritu investigador del personal docente de la UM.  Quizá haya que esperar hasta que las organizaciones que otorgan acreditación dejen de requerir acceso a bases de datos por suscripción.  ¿Qué papel debe fungir la biblioteca en este nuevo paradigma?  La tendencia pareciera ser que cada escuela y facultad está desarrollando su propio proyecto de archivos de acceso abierto.  ¿Deberíamos de centralizar esfuerzos y conjuntamente desarrollar un proyecto serio y confiable de archivos de acceso abierto?  Estas preguntas son apremiantes y requieren respuestas bien pensadas.  Sin duda son un reto, pero también una oportunidad para actuar en equipo por el bien común de la institución y ultimadamente para cumplir la misión encomendada.

Las empresas de bases de datos parecen no poder resistir la inercia del movimiento de Acceso Abierto y de vez en cuando otorgan libre acceso a sus recursos.  Al mismo tiempo resisten, como es natural, perder el control de su modelo operativo.  Les falta reconocer lo siguiente:

“No hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.” (Romanos 13:1)  “El muda los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes.” (Daniel 2:21)

Noción de Tiempo

En cierta ocasión un orador dijo que México era el país del mañana no porque se perfile entre las naciones con más potencial sino porque la actitud de su gente, por lo general, es de postergar las cosas. Esa desidia ha llegado a ser uno de los rasgos del carácter nacional. Para los colegas de trabajo que vienen de otros países, tener que lidiar con esta actitud resulta ser una verdadera frustración. “Después” “al rato” “mañana” son expresiones elusivas, huecas de exactitud.  A veces, su uso es una táctica inconsciente y consciente de huída, para no afrontar una situación difícil. Alguna vez nos ha tocado experimentar este letargo con procesos empresariales o gubernamentales. Piden requisito tras requisito y al final, al ya no tener más excusas para afrentar la realidad, le dan la negativa. ¿Y por qué no se lo dicen a uno desde el principio? 

Un después puede significar horas, días o nunca. Lo trágico es que uno no se da cuenta de lo frustrante que puede significar para aquellos que están acostumbradas a un “Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.” (Mateo 5:37)

El entorno tiene su influencia sobre nosotros, porque es una ley de que “somos transformados a la imagen de lo que contemplamos”, salvo que conscientemente resistamos esta corriente que nos circunda.  Al resistir y romper círculos viciosos, tradiciones, costumbres y actitudes heredadas o cultivadas, llegamos a ser luz en la oscuridad.  

La literatura médica —lenta para confirmar la veracidad de los testimonios— vincula el uso de los picantes con la irritación del sistema nervioso al cual pertenece el cerebro.  ¿Será que el picante no sólo adormece nuestra sensibilidad del gusto sino también adormece nuestra noción del tiempo? Existe aparente evidencia para sustentar esta declaración. Dado que la ciencia está atrasada unos 100 años con respecto a las pautas médicas confiadas al pueblo adventista, habremos quizá de esperar para que esta hipótesis se confirme.

A medida que nuestro ambiente de trabajo se torna híbrido (presencial y virtual) el efecto de esta falta de exactitud en cuanto a palabras y comportamiento se agudiza.  Son famosas las autopistas alemanas por su falta de límites de velocidad. Conducir despacio se convierte en un peligro para los demás.  De manera semejante, cuando uno entra a la autopista de la información habrá que saber y cumplir con ciertas expectativas. Tomemos el asunto del correo electrónico. Se recomienda en las guías de etiqueta electrónica que se contesten todos los correos electrónicos máximo dentro de un plazo de 24 horas.  Hay ciertos comunicados que no requieren réplica, pero que por cortesía, se pueden contestar con un simple: “He leído su correo. Gracias por la información.” Una noción adormecida del tiempo no va de acuerdo a las exigencias de los tiempos actuales. Ciertas decisiones requieren que la información fluya y que fluya rápido.

“Si corriste con los de a pie, y te cansaron ¿cómo contenderás con los caballos?” —(Jeremías 12:5)

Referencistas Móviles

Se hace énfasis en la necesidad de brindar al usuario avenidas para permanecer conectado a la biblioteca.  Las bibliotecas cada vez más se van adaptando a un mundo que exige conveniencia.  En la era digital es de esperarse que las bibliotecas cuenten con un sitio Web.  Sin embargo, hay todavía muchas bibliotecas sin presencia en Internet y sin un catálogo electrónico accesible en línea.  Dedicar una línea telefónica es un avance en este camino hacia la apertura y la conveniencia. 

Con el advenimiento de las tecnologías de e-mail y chat, el acercamiento se ha ido consolidando más.  El reto ahora es brindar un acercamiento contínuo.  De ahí el surgimiento de las cooperativas de referencia por medio de Internet.  Ya no es suficiente poder enviar una consulta a la biblioteca y esperar a que le contesten a uno –si es que contestan.  El usuario quiere o espera que se le atienda en el momento, cuando necesita ayuda.  Aún los formularios en línea han sido reemplazados por mini-aplicaciones que permiten al usuario conectarse inmediatamente, en vivo, sin tener que llenar un formulario y proveer datos como el nombre, correo electrónico, pregunta y otros datos. 

Sin embargo, los nuevos hábitos de los usuarios exigen un mayor acercamiento a ellos, por medio de la incorporación de estas mini-aplicaciones en los sitios de redes sociales como Twitter, Facebook, LinkedIn, MySpace, y mucho más.  Pero esto no es el final, también hay que llegar a los teléfonos móviles. Y es precisamente ese acercamiento que recientemente anunció QuestionPoint y la empresa Mosio (Text-A-Librarian). Se trata de integrar ambos servicios para que los usuarios puedan comunicarse con su bibliotecario virtual desde sus teléfonos móviles.  El servicio (en su fase inicial) estará dispuesto en EE.UU y ojalá pronto en otros países, incluido México.

La euforia por hacer del referencista una entidad móvil no recibe todavía el debido énfasis. ¿Se espera que sea el referencista el que siempre espera en su silla? ¿Por qué no incentivar al referencista a abandonar su sedentarismo?  Existe ya la posibilidad de navegar en todo territorio nacional en varios países de Europa sin necesidad de cables.  Se necesita sólo una mini-laptop y una tarjeta de teléfono móvil. Pero llevar una lap top –por más mini que sea- no es de lo más práctico y tiende a ocasionar miradas extrañas.  Lo óptimo es poder hacer referencia vía un teléfono móvil potente como los nuevos android (que no usan teclados físicos sino digitales).  Así que decidí comprar un teléfono Google HTC android, pero para mi sorpresa, no tiene Adobe Flash integrado.  El software de QuestionPoint funciona a base de teconología Flash.  No me conformaba a aceptar que no hubiese un teléfono con Flash, así que me di a la tarea de buscar y me enteré que el teléfono Google HTC Hero –y otros- tiene Flash integrado.  Esta vez no cometería el error de comprar otro teléfono y terminar coleccionando aparatos inservibles para mi ocupación.  En la tienda me dejaron abrir un HTC Hero y conectarme a Internet para asegurarme de que funcionaba para el software de QuestionPoint que usamos en la biblioteca de la Universidad de Montemorelos.  La última fase de la autenticación no logró pasar.  Quedé contento de que por lo menos no cometí el mismo error de comprar algo que no me sirve para lo que lo quiero, pero también insatisfecho de que no se haga el mismo esfuerzo por hacer del referencista una entidad móvil. 

Sé, no obstante, que es sólo cuestión de tiempo para que la profesión del referencista pueda también ser portátil y discreta…”Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor” (Salmo 40:1)

Cartas Abiertas

En el artículo de Michael Buckland titulado “¿Qué es un documento?” se presenta el relato histórico de cómo el término “documento” se ha transformado a lo largo del tiempo, ya que éste no incluye únicamente texto, sino también objetos tridimensionales, como por ejemplo las esculturas. En el mismo artículo se da una definición que encapsula la esencia de lo que es un documento y dice: “Un documento es cualquier fuente de información, en forma material, que se puede usar como referencia o estudio o como un objeto autoritativo…”

El autor cita a una bibliotecóloga francesa de nombre Suzanne Brief quien ofrece nociones avanzadas de lo que constituye un documento. Ella dice que es “evidencia en apoyo a un hecho” y que puede ser “cualquier seña física o simbólica, preservada o grabada, que intenta representar, reconstruir o demostrar un fenómeno conceptual o físico”. Buckland resume las aserciones de Brief en los siguientes puntos:

  1. Sólo los objetos físicos pueden ser documentos.
  2. Hay un elemento de intencionalidad de usar tal objeto como un documento.
  3. El objeto debe ser procesado en un documento (preservación/grabación).
  4. Hay una percepción de que el objeto es un documento.

Al final del artículo, Buckland dice que los puntos principales que crean diferencias entre los divergentes puntos de vista acerca de lo que debe ser un documento tienen que ver con el formato y la función. Dice, por ejemplo, que si nos limitamos y enfocamos en el aspecto del formato para delinear los factores que determinan un documento se crea un concepto más elusivo. El autor favorece y da más crédito al uso de la función o funcionalidad para determinar lo que es un documento, el cual apoya el origen etimológico de la palabra documento: un medio de enseñanza o –usando el concepto de Suzanne Brief– “evidencia de la cual aprendemos”.

Varias disciplinas han contribuído al complejo concepto de la palabra “documento”, entre ellas la comunicación y la antropología, pero no sobresale la teología. Sin embargo, el concepto de “documento” se manifiesta en los escritos bíblicos. 

En esencia, el contexto de la Biblia es un conflicto entre el bien y el mal. De las páginas del relato bíblico se desprende una guerra que comenzó en los cielos con Lucifer quien fue echado de ahí y restringido al planeta tierra. Al caer Adán y Eva presos del engaño de Lucifer se convirtieron automáticamente –junto con sus descendientes– en sujetos del dominio del archienemigo de Dios. Sólo por medio del ejercicio del libre albedrío y la aceptación del plan de redención es como se pueden zafar de este destino. Quienes optan por el plan de salvación llegan a ser hijos/as de Dios. En 1 Corintios leemos: “Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.” Y en 2 Corintios 3:1-3 dice: “¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Mesías expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón”.

Vemos, entonces, en estas dos citas, que los cuatro elementos que determinan lo que es un documento se cumplen. A saber que los seres humanos –en el contexto cósmico– son documentos o cartas abiertas. Recapitulando: 1. Los seres humanos son objetos físicos. 2. Hay una intención o propósito en la vida del creyente. 3. Dios los preserva para un propósito. 4. Los ángeles y la humanidad los perciben como documentos.

El Arca de Noé del Conocimiento

En mi viaje a la ciudad de Núremberg, Alemania, en julio del 2008, para encontrarme con los esposos Korniejczuk, estando en el aeropuerto de Düsseldorf me dirigí al quiosco de revistas para adquirir material de lectura para el viaje y me llamó la atención la portada de la revista popular alemana PM.

El título rezaba “El arca de Noé del conocimiento”. La idea central del artículo era el esfuerzo de las universidades y otras empresas para preservar la herencia del conocimiento de la humanidad. La problemática radicaba –según el texto— en decidir lo que verdaderamente es importante digitalizar para que el registro pueda ser accesible a generaciones futuras.

La simbología del arca de Noé en el mundo de la información es adecuada. El propósito en ambas eras –la antediluviana y la postmoderna— es la misma; es decir, es un intento de salvación. El hombre postmoderno basa su existencia en el adagio “je pense; donc je suis” (pienso, luego existo). La herencia colectiva de este pensar ha representado para la humanidad la búsqueda de su lugar en el cosmos. Por esta razón le es imperativo a la humanidad postmoderna preservar su pasado en su intento de asegurar su futuro.

Ciertamente, el conjunto de repositorios de conocimiento representan un arca de preservación; un arca en un abundante océano de datos que, paradójicamente, es una amenaza al concepto de significado. Este creciente “océano” aumenta el caos, y la humanidad debe crear cierto orden y significado a este proceso colectivo del pensar humano.

Punto de Referencia es el nombre de esta nueva columna. Tiene como objetivo servir como una agencia de conocimiento que asesora y asiste a los usuarios en su búsqueda de información. La labor de un referencista va más allá de lo que se puede encontrar con los motores de búsqueda. El referencista reconoce que de los datos surge la información y de la información conocimiento; del conocimiento, sabiduría. Si bien la humanidad postmoderna hace del conocimiento su fin e inconscientemente su “salvación”, para el ser humano de fe, el conocimiento es una revelación continua de su Hacedor. Su labor implica la identificación de fuentes de conocimiento que fomentan la filosofía de la fe.

En nuestro caso, como referencistas adventistas, tenemos como función el fomento de la fe y, específicamente, de la fe adventista. Desde este prisma, toda la gama del saber humano está impregnado indeleblemente de la autoría divina de donde surge todo verdadero conocimiento. Este proceso de identificación demanda la capacidad de discriminar –un término políticamente no correcto— entre lo que favorece la misión y lo que la perjudica. Esto no quiere decir precisamente que se tenga que recurrir a la censura, pero sí de redirigir y fomentar los recursos que facilitan los esfuerzos corporativos de la institución.

“Nuestra ciencia es imperfecta… cuando llegue lo perfecto, desaparecerá lo imperfecto. Ahora vemos como por medio de un espejo: confusamente… ahora conozco de manera imperfecta…” (paráfrasis de 1 Corintios 13:9-12)